sábado, 16 de febrero de 2013

ADMINISTRACIÓN II ( MAPA CONCEPTUAL)


1.2 MOVIMIENTO HISTÓRICO

Condiciones históricas que propician su surgimiento.
Desde el origen del hombre, este ha tenido la necesidad de transformar los elementos de la naturaleza para poder aprovecharse de ellos, en sentido estricto ya existía la industria, pero es hacia finales del siglo XVIII, y durante el siglo XIX, cuando el proceso de transformación de los recursos de la naturaleza sufre un cambio radical, que se conoce como revolución industrial. Este cambio consiste, básicamente, en la disminución del tiempo de trabajo necesario para transformar un recurso en un producto útil, gracias a la utilización de máquinas manuales, las cuales eran complicadas. Esto permite reducir los costos unitarios, y aumentar la productividad, si bien es necesario incrementar los costos totales, lo que hace imprescindible la acumulación de capital. Para entonces está plenamente asentado en el modo de producción capitalista, que pretende la consecución de un beneficio aumentando los ingresos y disminuyendo los gastos. Con la revolución industrial el capitalismo adquiere una nueva dimensión, y la transformación de la naturaleza alcanza límites insospechados hasta entonces.
Gracias a la revolución industrial, las regiones se pueden especializar, sobre todo, debido a la creación de medios de transporte eficaces, un mercado nacional y otro internacional lo más libre posible de trabas arancelarias y burocráticas. Algunas regiones se van a especializar en la producción industrial, conformando lo que conoceremos como regiones industriales.
La industria fue el sector motor de la economía desde el siglo XIX y, hasta la Segunda Guerra Mundial, la industria era el sector económico que más aportaba al producto interior bruto (PIB), y el que más mano de obra ocupaba. Desde entonces, y con el aumento de la productividad por la mejora de las máquinas y el desarrollo de los servicios, ha pasado a un segundo término. Sin embargo, continúa siendo esencial, puesto que no puede haber servicios sin desarrollo industrial.
En los países del Tercer Mundo, y en algunos países de industrialización tardía, el capital lo proporciona la inversión extranjera, que monta las infraestructuras necesarias para extraer la riqueza y la plusvalía que genera la fuerza de trabajo; sin liberar de las tareas agrícolas a la mano de obra necesaria, sino sólo a la imprescindible. En un principio hubo de recurrirse a la esclavitud para garantizar la mano de obra. Pero el cambio de la estructura económica, y la destrucción de la sociedad tradicional, garantizó la disponibilidad de suficiente fuerza de trabajo asalariada y voluntaria.

Innovaciones tecnológicas y organización laboral.
Es importante que las empresas tengan en cuenta las condiciones en las que el cambio tecnológico puede producir determinados efectos en el empleo y, como consecuencia, influir favorable o negativamente en la experiencia subjetiva y en el comportamiento de los trabajadores. La tecnología no tiene una influencia directa e inevitable sobre el comportamiento, sino que estaría mediatizada por la organización social a establecer, abriendo la posibilidad de utilizar sistemas sociales alternativos al trabajo, que satisficieran tanto criterios de productividad como de calidad de vida laboral. Tomando como marco de referencia las distintas posiciones teóricas y la revisión de investigación, donde se subraya la profundidad y magnitud de los cambios que suponen los actuales adelantos tecnológicos para el empleo.
La psicología organizacional considera el cambio tecnológico como un “proceso social” donde se enfrenten, tanto factores objetivos de carácter estructural, como de índole subjetiva. Estas nuevas vías abren el camino a la importancia de potenciar la participación de los individuos, cuyo valor parece demandar cada vez más, las nuevas generaciones.
El reconocimiento de la mediación de la estructura social, no solo tecnológica, entre hombre y tarea, que han proporcionado las investigaciones del Instituto Tavistock, supuso un cambio decisivo al impulsar el desarrollo de una comprensión más global del sistema laboral donde se lleva a cabo la actividad profesional, abriendo el cambio a nuevos planteamientos sobre las estrechas relaciones entre transformaciones sociales e innovaciones tecnológicas.
Los autores desarrollan el controvertido impacto de las innovaciones tecnológicas en el empleo, discriminando entre el nivel cuantitativo y el nivel cualitativo, destacando cómo estos efectos están sensiblemente condicionados por las estrategias empresariales, que, a su vez, también pueden verse mediatizada por variables de carácter contextual.
Cuando existen cambios tecnológicos se pueden propiciar cambios en el comportamiento laboral, en los roles, las habilidades, actitudes y conductas.
La tesis de Pacey (1980) considera que la primera revolución industrial no fue simplemente una galería de innovaciones tecnológicas, sino que representó un cambio social como consecuencia de que los hombres de negocios reorganizaron los procesos de producción introduciendo las fábricas e imponiendo nuevas disciplinas de trabajo. En cambio la segunda revolución industrial, no solo dependió de obreros disciplinados en la producción, sino también de personas en laboratorios de investigación y de un sistema de educación técnica que preparara a trabajadores diestros y al personal de laboratorio.
La revolución industrial, además de una revolución tecnológica, fue también una revolución social que afectaba a la vida de muchas personas por los cambios que provocaba en la organización del trabajo. La organización y la disciplina, más que la inventiva tecnológica, eran la clave del éxito, lo que supuso un cambio en el contrato social, con lo que se empezaron a potenciar la creación de escuelas con unos horarios y hábitos disciplinarios.
El sistema de fábrica aceleró el paso de un modelo de trabajo precapitalista variable e irregular a un modelo de trabajo capitalista metódico y disciplinado trayendo consigo resistencias debido a una nueva ética consistente en identificarse con la invariable regularidad de la compleja automatización, cuya máxima expresión se alcanzaría con el Taylorismo, dando lugar a tensiones entre la tendencia de la producción masiva y la del artesanado.
La tercera fase del desarrollo histórico de la nueva tecnología, siguiendo a Feedman, se describe desde la posición de los trabajadores, como una tecnología que reemplaza totalmente al elemento humano en la realización de trabajo real alejándolo de la producción y llevándolo al proceso de supervisión, planificación y/o sistemas de mantenimiento de equipos.
La irrupción de las nuevas tecnologías en los años 60 y 70 marca el paso de la tecnología mecánica a la tecnología cibernética, lo que se traduce en que las máquinas desempeñan las actividades de rutina. Esto hace que el trabajador asuma mayor responsabilidad; se le exige respuestas a situaciones impredecibles que requieren conocimientos y una continua atención y vigilancia. La preparación y la formación se configuran como elementos esenciales del trabajo; es necesario que el trabajador interprete hechos con gran capacidad de diagnóstico, iniciativa y autonomía.
El problema del cambio tecnológico experimentado por los individuos se diagnostica por Alvin Toffler (1988) como el «shock del futuro», que nace de la creciente diferencia y desequilibrio entre la velocidad del cambio del medio y la rapidez limitada de la reacción humana.
De acuerdo con la revisión efectuada por Siem (1986), podríamos identificar tres factores del proceso de cambio tecnológico que actuarían como un agente causal de inadaptación social y fuentes potenciales de resistencia en los empleados: La incertidumbre que provoca el cambio, el desplazamiento de la persona del lugar de trabajo y la exigencia de una cualificación nueva y más elevada. La conclusión final de esta investigación subraya que la tecnología, nueva o tradicional, provoca un impacto mayor e índices de determinismo más altos en el desempeño de la tarea, pero, en sentido contrario, donde la tecnología tiene menor relevancia es en la dirección de la tarea, en el control de toma de decisión y en la autonomía sobre el día a día, de la eliminación de trabajo; es decir en los roles de trabajo organizados alrededor de la tecnología.
Los diferentes estudios ponen de manifiesto que las actitudes, además de variar con la posición y cualificación de los empleados, también dependerían de la experiencia previa con la nueva tecnología y con su fase de introducción, ya que las actitudes más recelosas hacia las mismas tienden a aparecer antes de su introducción, o durante el mismo proceso de implementación, aspecto éste que está estrechamente asociado con la forma como la dirección encauce el proceso de introducción.
El cambio tecnológico no es un proceso monolítico experimentado uniformemente, percibido de manera unidimensional, bondad/maldad de la innovación tecnológica, sino que sus efectos y consecuencias afectan a múltiples dimensiones y facetas de la organización y de la experiencia vital de los trabajadores. No se entiende el impacto de la tecnología como algo estático en el tiempo que pudiera considerarse como definitivo, sino que sus efectos son dinámicos. La innovación tecnológica y el proceso de articulación de la organización y el trabajador es cambiante en función de una serie de variables personales y situacionales.
En términos globales, las innovaciones tecnológicas resultan necesarias y beneficiosas para la mejora de la competencia empresarial y para la supervivencia de la empresa. Al mismo tiempo, los trabajadores pueden sufrir riesgos de exclusión y desadaptación al favorecer el desarrollo de nuevos problemas de estrés mental, movilidad y necesidad de continuo reciclaje.
La relación del trabajador con la nueva tecnología y el producto, viene mediatizada por la capacidad de interpretación del trabajador para entender y comprender las señales y signos que emiten las nuevas máquinas, lo que implican un cambio en la identidad del trabajo.
Ciertos grupos de población laboral experimentan una falta de control de acceso y disponibilidad suficiente de recursos para hacer frente a los problemas de desajuste que provoca la irrupción de nuevas tecnologías en sus puestos de trabajo. Esto exige proporcionar la formación e información necesarias para que los trabajadores puedan afrontar con confianza las transformaciones de sus puestos de trabajo y del ambiente laboral.
Es importante que las empresas estén conscientes de las posibles consecuencias que existen ante los cambios tecnológicos, como la resistencia al cambio y los antes mencionados y puedan hacer frente a ellos, así como aprovechar los efectos favorables.
EJERCICIO. Elabora un mapa mental sobre el movimiento histórico de las empresas contestando a lo siguiente:
·         ¿Qué?
·         ¿Para qué?
·         ¿Cómo?
·         ¿cuándo?

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